Nuestro Quehacer

 

Nuestro Quehacer

Chila es un restaurante que siempre está en proceso de evolución, que se encuentra en una constante transformación que refleja el dinamismo creativo de su alma mater, Andrés Porcel. La cocina, a cargo de Pedro Bargero, se rige por los mismos principios de mutación y cierta imprevisibilidad. El tándem Porcel-Bargero nutre la experiencia de Chila, destacando por sobre todo lo demás a su mayor protagonista: el producto. Más allá de clásicos como la merluza negra o el caviar, los productos de Chila cambian con cada uno de los capítulos que Pedro Bargero diseña a lo largo del año, y aunque las estaciones y temporadas aparecen en cada plato, la esencia de la gastronomía del restaurante va mucho más allá de eso. La personalidad dinámica y exploradora de Pedro hace que un mismo producto pueda aparecer en dos menúes interpretado de maneras completamente diferentes e impensadas, y que una simple zanahoria o un puerro muestren texturas y sabores que desconciertan –en el mejor de los sentidos– a cualquier paladar. Detrás de esta magia existe una red de vínculos especiales con los productores y un respeto absoluto por la abundancia de posibilidades que ofrece el territorio argentino. Y es el territorio, justamente, otro de los campos de juego de la cocina de Chila, que sin proponérselo fue armando, con cada uno de los menúes o capítulos de Pedro, un particular mapa de regiones argentinas, o más bien climas, que poco tiene que ver con divisiones políticas. La tierra, el mineral, el agua, la verdura y la proteína entran a los menúes y los platos en distintos momentos, en contrapuntos que acortan distancias geográficas para explotar en la boca y que resultan en nuevas composiciones de sabor que terminan formando una suerte de bioma. Un bioma, por cierto, que va más allá de la comida, y que se completa en el vino, el servicio, la vajilla, la música. En ese ecosistema, una almendra vale tanto como el mejor delos caviares, y el mar y la montaña pueden tener la más estrecha de las relaciones.